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La caravana, los collados y por fin el reino de Mustang

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Última aventura de Jesus Calleja:

En esta expedición las sorpresas son diarias, y a veces más que sorpresas…

Amaneció, un día frío y ventoso, casi tónica habitual, y la primera en la frente: los yaks no han venido como habíamos convenido.

Chiring con rabia contenida se dirigió al pueblo a dos horas de nuestro campamento, serian las cinco de la madrugada, a las 10.30 regresa al campamento, con los yaks y el dueño de los yaks.

Nos sentimos aliviados, pero solo por poco tiempo, pues el dueño de los yaks, con quien habíamos acordado una cantidad de dinero para que nos alquilara ocho de los dieciocho yaks que viajaran por los altos pasos de montaña hasta las tierras bajas del Mustang, nos dice que no puede venir, ni el, ni su hermano, que son los expertos yakeros, a cambio son sustituidos por dos chicos jóvenes, uno dolpa, y otro nepali.

Les miramos el aspecto y no nos dan ninguna confianza, son muy jóvenes, y sin equipación suficiente para afrontar una serie de collados, algunos extremadamente altos, con mucha nieve y hielo. Es la última caravana del año que sale del alto Dolpo, por esta complicadísima y peligrosa ruta, y lo tenemos que hacer con estos dos “chavalucos”.

Los dueños de los yaks, dicen que “es lo que hay”, se despiden, y allí estamos los que estamos, mas 18 yaks, que viajaran en esta dura ruta, la ultima de la temporada, para ser sacrificados después y vendidos como carne para pasar el largo invierno algunos habitantes del sur del Reino del Mustang.

Preparamos todos los paquetes que dividimos según los pesos, y ya pronto nos damos cuenta que resultara una caravana de la que nunca nos olvidaremos.

yaks subiendo por la laderaEstos yaks, son salvajes, nunca han cargado nada a sus lomos, y lesvenden , porque son los mas peligrosos de los rebaños. Se les declara“imposibles”, pues casi nunca obedecen y además son peligrosos porquecornean y atacan, por eso se les venden, y estos 18 yaks, ¡ sonnuestros yaks ¡. Son toros de 600 y 700 kilos, que hay que cargar ydescara durante más de una semana, y realizar una ruta en esta época,casi imposible…

Tardamos lo que no esta escrito en cargarles, ydoy gracias a dios que estan Phuntchok, Chiring y Kami, porque situviéramos que depender de estos dos muchachos yakeros, no hubiéramospartido nunca.

Nos ponemos en marcha y algo va mal, cada yakhace lo que le da la gana, se vuelven locos, tiran las cargas, lasvolvemos a poner de nuevo con mucha precaución en los lomos, y de nuevoal suelo, hasta que hay una desbandada general y todos tiran lascargas. Uno de ellos hecha a correr de tal modo que se pierde parasiempre en algún remoto valle. Este yak nunca más lo veremos ninosotros ni su dueño. Primera baja…

Chiring, dice que cuando unYak, baila, el resto le acompaña en el baile, es decir que cuando unose vuelve loco y tira la carga, el resto hace lo mismo.

Menos mal que la carga la recuperamos y de nuevo a base de paciencia se las colocamos en sus lomos. De nuevo en march…

¡ Tres horas para medio kilometro ¡. El día será muy largo.

Lajornada transcurre con desbandadas generalizadas, des orden absoluto,los yaks metiéndonos sustos cada poco, nadie sabe ya que hacer, sonunos “jodidos” salvajes y no hay quien pueda con ellos, pero avanzamos.

Enun momento dado la desbandada es tan brutal que nos tenemos que poner ala defensiva para que no nos ataquen, y seis de los yaks, los que nollevan carga empiezan a correr despavoridos. Desaparecen hacia otrolejano valle. Seis yaks que nunca jamás veremos, y ya son siete quehemos perdido en un solo día.

Los yakeros jóvenes no se inmutan,están como absortos por lo que esta pasando y uno de ellos estademasiado bebido para darse cuenta del alcance de los acontecimientos.

Nodamos crédito de lo que nos esta pasando. Ya solo nos quedan trece yakspara poder salir del alto Dolpo. Nos esperan muchas penalidades aun…

Se nos echa la noche encima a 4.900 metros, en la base del collado, y allí pasamos la noche.

Antesatamos a los yaks a pesadas piedras para que no se escapen en la noche,a petición de Phuntchok, cuyas ideas siempre son valiosísimas.

Es la noche más fría de toda la expedición, y ocurre algo que nos deja mas helados aun…

Apareceen nuestro campamento dos jóvenes mujeres, tres hombres de apenas 18años y un niño de un año, sin casi ropa, mas bien harapos, sincalcetines, en zapatillas alguno, otros en sandalias, sin equipajealguno, y el niño con la mirada perdida, a punto de morir de frío yhambre. Nos piden ayuda, pero no de palabra, solo nos mirandesesperados, y en sus caras se ve el rostro de la muerte ydesesperación absoluta…

Han venido hace tres meses desdeKatmandú, en busca de unas semilla diminuta, que dicen que tienevirtudes afrodisíacas milagrosas, y que es muy cotizada en el mercadochino. UN kilo vale ¡ 1.200.000 ¡ rupias, y han venido en busca de estaplanta, como antiguamente hacían los buscadores de oro, que seguíanquimeras y morían por el camino. Estos chicos igual, les han engañado,y en las aldeas no les dejan coger ni una sola semilla, es muy escasa,y valiosa para compartirla con gente de afuera. Los pueblos del altoDolpo se unen para buscarla ellos y venderla, y no dejan que nadie seatreva a quitársela, es lo mas valioso que ofrece aquí la tierra, y esun verdadero tesoro.

Por lo que estos jóvenes nepalíes, sonexpulsados de las aldeas, han gastado el poco dinero que tenían, encomprar comida, y ahora bajan como animas en pena, de regreso aKatmandú caminando sin nada, solo con sus harapos, por collados dehasta 5.600 metros de altura cargados de nieve, hielo y temperaturasque descienden hasta los -25º bajo cero. Su aspecto es el de la muerte.

Lesayudamos a fabricar un tendejón con nuestras lonas y un para vientos depiedras, les hacemos cena, y leche para el niño, les damos dinero,fuego, una hoguera, bebidas, ropa, en fin hacemos todo lo posible porellos..

Pasan la noche mas o menos digna, y por la mañana, ni sedespiden, no hablan, no hacen ruido, se van, simplemente se van, sinnada, solo caminan con la vista perdida en el horizonte, casi sin rumbo.

Nosotrostardamos dos horas más en ponernos en marcha, hasta cargar los salvajesyaks, y les alcanzamos en plena subida al collado de 5.150 metros.

Tampocosaludan, ni hablan, ni piden nada, solo se arrastran por la nieve. Eldía es frío, ventoso, y con sus ropas no pueden llegar muy lejos, elniño llora casi sin fuerza. Le ponemos guantes, le atamos bien a laespalda de su padre para que no se le caiga, tienen absoluta dejadez.Le ponemos al niño dos mantas que tenemos por encima. Ahora al menos elniño parece entrar en calor, y consigue dormirse. Pero dios mío es unniño de apenas un año a 5.150 metros de altura.

Les ayudamos almáximo, pero no tienen energía, les recomendamos que se den la vuelta,pero para que? responden, nadie nos quiere, no tenemos dinero, y elinvierno estará aquí en pocos días y moriremos, así que intentaremossalir del alto Dolpo aunque sea un suicidio.

Les acompañamos, ayudamos, hasta que nosotros nos dirigimos hacia otro collado aun mas alto…
subiendoNosdamos cuenta que hay muchísima nieve, mas de la que imaginábamos, haceun frío y viento intenso, y descender por la ruta normal de bajada delcollado, es peligrosísimo según nos dicen los yakeros y serpas. Es unabajada muy encañonada donde se desprenden mortíferas avalanchas denieve y rocas constantemente. Hace dos años murieron 13 personas enestos pasos. Lo vemos claramente, hay que remontar mas arriba lo másarriba posible para librarnos de las avalanchas. La ruta es durísimaahora, serán cinco collados en total: dos de 5.150 metros, otros dos de5.250 metros, y uno brutal de 5.600 metros.

Además caminaremos un total de 33 kilómetros, y siempre por encima de los 5.000 metros, abriendo huella en la profunda nieve.

Alos nepalíes les parece imposible esta ruta, quieren descender por laexpuesta ruta, les intentamos convencer, les gritamos, les tachamos delocos, les prometemos toda la ayuda hasta conseguir pasar todos, perono escuchan, solo caminan con sus harapos hacia otro rumbo diferente alnuestro. Los serpas se cabrean para que entren en razón. Pero no haynada que hacer solo caminan, agachan la cabeza y deciden ir hacia laruta expuesta.

Nada ya se puede hacer, mirar hacia la garganta ala que se dirigen mete miedo, hay decenas de avalanchas por todaspartes, y será muy difícil que sobre vivan, solos, sin casi nada, poresa temeraria ruta.

Nos quedamos sentados en la nieve, heladosde frió y helada el alma de ver como unos jóvenes nepalíes, y un bebe,se dirigen casi, casi, hacia la muerte. Los serpas murmuran por lobajo: “buena reencarnación”, lo tienen claro no pueden sobre vivir enesas condiciones y por esa ruta maldita.

Abatidos seguimosnuestro rumbo, opuesto al de ellos, nosotros seguimos hacia arriba, conlos yaks, también a mi me parece imposible que consigamos atravesar loscuatro collados que nos faltan con estas bestias, que tendránliteralmente que escalar laderas de 60º de nieve y hielo. Miro una vezmas atrás y filmo a los nepalíes, caminan en línea recta, no hablan,saben que nada bueno les espera, pero han decidido ese destino. Aquísolo sobre viven los mas duros, los mas adaptados, no hay lugar para elerror, y ellos están muy lejos de poseer estas cualidades, son deciudad, son de Katmandú, y todos pensamos que allí quedaran parasiempre, el Himalaya será su tumba…

Continuamos nuestra penosaandadura por nieve profunda, las rampas son increíbles, los yaks, muydespacio abren una trinchera en la nieve, aunque se hunden hasta labarriga. En ocasiones tenemos el alma en vilo porque resbalan y en elúltimo momento consiguen sujetarse. Un error y se precipitarían milesde metros al vació absoluto. Nosotros extremamos las precauciones parano resbalar. Son rampas para usar crampones y piolet, y todos vamos sinellos, solo nos centramos en dirigir los salvajes yaks.

Es deuna belleza absoluta ver a los yaks ascender por laderas repletas denieve y hielo, casi milagrosamente. Estamos ascendiendo una autentica ydemoledora montaña de 5.600 metros, casi la altura del Kilimanjaro, yson los animales los que abren huella, los que cargan todas nuestrascosas, dependemos de ellos absolutamente para nuestra supervivencia.Los chicos yakeros, son los que menos trabajan, estas helados de frío,beben todos los días, no tienen fuerzas y uno de ellos, su calzado sonunas sandalias con los calcetines rotos. En los descensos pierde lassandalias y camina sobre la nieve con calcetines agujereados. Leofrecemos las botas de escalada, no las quiere dice que son muyrígidas, prefiere ir en calcetines a 5.600 metros, con un día friísimo.¡ NO entendemos nada ¡.

Que día tan extraño: nepalíes queaparecen de la nada y van a un suicidio premeditado, un yakero quecamina en calcetines rotos, el otro yakero con las manos en los bolsos,¡ cinco collados gigantescos que nos estaban en los planes de hoy ni enlos mapas ¡.

No puedo describir en palabras lo que hasignificado para mi acompañar a una caravana de yaks cruzando estoscollados, es como retroceder cientos de años en el antiguo Tíbet.

Simplementees mágico, estar aquí ayudando a los yakeros, a Phuntchok, a Chiring adirigir a los yaks montaña arriba, abriendo una gigantesca huella.

Contemplarel Himalaya con su grandeza, los paisajes nevados, los grandesespacios, montañas verticales por todas partes, es simplemente bello,es una vivencia única, vital, me endurece, y me alivia de los problemasque uno acumula en la a veces absurda vida que llevamos en occidente.

Ahorasolo me preocupa avanzar, dar el siguiente paso, y gritar una vez mas:“Chuuuuuuu yak, ah, ah, ah, tssssssssssuuuuu” ¡, que significa: “daleyak, sube bonito..”

Y avanzamos a paso muy lento, para dar tiempo a que el yak se recupere de su brutal esfuerzo en las pendientes muy inclinadas.

Mesobra tiempo y observo el paisaje fantástico que me rodea. Ahora soymontañero, aventurero y pastor de yaks. Estoy completamente feliz, muyfeliz, que simpleza, y a la vez que belleza.

No me importa el frío, ni el viento, ni el aire enrarecido, al contrario, me hace fuerte, rudo, me adapto, no pienso…

Asídurante muchas horas, atravesamos cinco collados brutales, estamosextenuados, pero justo detrás del último collado, las nieves y hielodejan paso al otro lado al Reino del Mustang.

Es absolutamentediferente, no hay nieve, descienden valles de color ocre, mucho masbajos, encima están las montañas nevadas y los altos collados, debajolas tierras del prospero Reino del Mustang.

Hay una tormenta denieve en el horizonte y el fantástico juego de luces del Himalaya hacesu aparición: es la puesta del sol. Hemos llegado justo al campamentoen mitad de la nada, en una terraza natural colgada en el vacío ponemosnuestras tiendas de campaña.

imgDebajo el Reino del Mustang, arribael alto Dolpo, y a ambos lados, montañas de una verticalidad perfecta,parecen decorados. La tormenta lo pinta todo de color naranja, y lasnueves dan la sensación que se están quemando. Es de los paisajes máshermosos que he visto en mi vida, es un premio a tanto esfuerzo paraalcanzar las bajas tierras del Mustang. ¡ Lo hemos conseguido ¡. Hemossalido del alto Dolpo a las puertas del invierno, aunque aun nosquedaran unas cuantas jornadas para llegar a una aldea donde hay unapista de tierra a 2.800 metros de altura donde cogeremos una avionetaque nos lleve a Katmandú.

Pero queda mucho para que llegue ese día, aun estamos muy lejos, recién entrados en el Reino del Mustang.

Agotados, cenamos y a dormir, el día siguiente tendría que ser muy largo…

Pasamos la noche, amanece, y ¡sorpresa¡… ¡Nos faltan diez Yaks..¡

Sicomo oís los diez de los yaks han desaparecido, les hemos buscadodurante todo el día y no están. Los yakeros jóvenes dicen que ya nuncalos veremos, como si intuyeran su dramático destino han desaparecido enla noche, y ahora estamos tirados en este mágico lugar, sin podermovernos.

Hemos llegado a una lejana aldea a buscar ayuda, peroparece que se nos resiste, y aquí estoy escribiéndoos desde estaatalaya natural donde he visto uno de los paisajes más increíbles de mivida, sin saber que será de nuestro destino. No tenesmos transporte, nopodemos movernos.

Los “mantas” de nuestros yakeros han dejado escapar por incompetentes a los yaks.

Supongo que no podrán regresar a su pueblo, han perdido una fortuna, y su jefe, les va a dar una paliza..

Pareceuna broma pesada, o es mas bien un chiste, pero la realidad es quesalimos hace dos días de Charka Bhot con 18 yaks, y ya solo nos quedantres.

Hemos bautizado esta caravana, como la caravana de los hermanos Marx…

Mealegro por los yaks, que han sabido esquivar la muerte, su destinofinal, que era servir de filetes en alguna cena, me alegro que seanlibres y salvajes, y me alegro aun mas que el tipo que decidió que nosguiaran dos inexpertos chavales haya perdido sus yaks, y por lo tantolas 40.000 rupias que le iban a pagar por cabeza. Lo siento por loschavales, pero ellos son los únicos responsables, por su mala cabeza yel exceso de bebida alcohólica, y ahora mientras os escribo estacrónica en mi tienda, me estoy tronchando de risa, de este inesperadogiro que ha dado nuestra aventura.

¡Hemos perdido los yaks¡, ja,ja, ja, ja, y no tenemos ni idea como llegaremos a Jomsom, ja,ja, ja,cuando llegaremos a Katmandú, ja, ja, ja, y ya son 40 días deexpedición, y con un futuro inmediato que da la risa, ja, ja, ja.

Me troncho de la risa, ¡joder¡, que damos pena..

Memiro la pinta que llevo y tengo mas mierda que el palo un gallinero,ja, ja, ja, me hago bolas de roña cuando rasco cualquier parte de mipiel, esto si que es bueno, ja, ja, ja.

En fin que lo mejor esreírse, ya encontraremos una salida a este entuerto, aunque de momentoestamos tirados en mitad del Himalaya mas desconocido, ja, ja, ja, ¡queme parto¡.

Jesús Calleja, desde cualquier sitio en mitad de la nada, ja, ja, ja…..
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Avatar Enviado por laTok el 12-11-2009 a las 16:45

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